Delante de un temario enorme.
Con muchas dudas.
Y con la sensación de que el camino hasta la plaza parecía demasiado largo.
Decidí opositar a Jurista de Instituciones Penitenciarias porque el Derecho Penal siempre había sido mi área favorita, especialmente todo lo relacionado con la ejecución penal y el Derecho Penitenciario.
Cuando descubrí cuál era realmente la labor de un Jurista dentro de un Centro Penitenciario, lo tuve claro.
Ese era el trabajo que quería hacer.
Mi preparación duró un año y medio hasta conseguir la plaza.
La primera vez que participé en el proceso selectivo llevaba apenas unos meses estudiando. No fue suficiente. Pero aquella experiencia me permitió entender cómo funcionaba realmente la oposición y qué nivel exigía.
El verdadero punto de inflexión llegó en la siguiente convocatoria.
Cuando ya se acercaban los exámenes ocurrió algo que podría haber frenado completamente la preparación.
Me rompí la rodilla.
Haciendo el deporte que más me gustaba: jugando al fútbol.
Podría haber sido una excusa perfecta para parar o bajar el ritmo.
Pero ocurrió justo lo contrario.
Aquella situación me obligó a pasar todavía más tiempo en casa… y decidí aprovecharlo para estudiar más que nunca.
Ese periodo me enseñó algo que nunca he olvidado:
muchas veces no son las circunstancias las que marcan la diferencia,
sino la actitud con la que decides afrontarlas.
Finalmente conseguí la plaza.
Desde entonces llevo más de ocho años trabajando como Jurista de Instituciones Penitenciarias en distintos Centros Penitenciarios.
Una experiencia que me permite seguir teniendo una visión real de lo que se estudia en esta oposición y de la práctica profesional que hay detrás de cada tema.
Formo parte del grupo de preparación de Juristas y Psicólogos de Instituciones Penitenciarias con mayor número de aprobados en las últimas convocatorias, con una trayectoria de más de 15 años preparando esta oposición.
Y yo hace ya siete años decidí empezar a preparar a otros opositores.
Desde entonces he acompañado a muchos alumnos en el mismo camino que yo recorrí: desde los primeros meses de estudio hasta el momento en el que finalmente consiguen su plaza.
Durante todo este tiempo he visto de cerca cómo es realmente este proceso.
Y si algo he aprendido es esto:
aprobar una oposición no depende solo de estudiar muchas horas.
Depende, sobre todo, de tener un método claro y saber cómo preparar cada una de las pruebas.
Por eso mi forma de trabajar se basa en tres pilares:
Planificación personalizada
Método de estudio por vueltas y repasos
Preparación específica de cada prueba
Cada opositor tiene un ritmo y una situación distinta, por eso el estudio se organiza con una planificación adaptada y un seguimiento constante de la evolución.
Con el paso de los años, la experiencia acumulada y el trabajo conjunto con otros preparadores han permitido construir un sistema de preparación muy sólido.
Los resultados hablan por sí solos.
En las últimas convocatorias, alrededor del 40 % de las plazas han sido obtenidas por opositores que se preparaban con nosotros.
Pero más allá de los números, hay algo mucho más importante.
El momento en el que un alumno consigue su plaza.
Ese día en el que llega el mensaje.
O la llamada.
Y te dice que lo ha conseguido.
Que después de meses y años de esfuerzo, de sacrificios, de dudas y de días en los que parecía imposible… todo ha merecido la pena.
Ese momento es, sin duda, lo más gratificante de todo este trabajo.
Porque detrás de cada plaza hay una historia.
Pero más allá de los números, lo que realmente importa es algo mucho más simple.
Cada vez que un alumno consigue su plaza, vuelve a empezar una historia muy parecida a la que yo viví hace años.
Todas las historias de quienes consiguen su plaza empiezan exactamente igual.
Con dudas.
Con miedo.
Con un temario enorme delante.
Pero también con algo muy importante.
«La decisión de intentarlo»
Personas que un día estuvieron exactamente donde estás tú ahora y hoy son Juristas o Psicólogos de Instituciones Penitenciarias